Cuaderno de bitácora de un viajero a lo pasado de la ciudad que le vio nacer. Pequeñas cápsulas del tiempo, pequeñas curiosidades que voy descubriendo en el papel de los libros y periódicos de aquellos que fueron testigos de otro tiempo, y que con estos artículos vuelven a la luz. Quedan invitados a acompañarme en este viaje.

domingo, 15 de octubre de 2017

Monedas y señores de Badajoz durante las segundas taifas. Sidray ibn Wazir. 1ª parte



Quirate anónimo acuñado en Badajoz durante las segundas taifas, en el que podemos observar en caligrafía nasji el nombre de Batalyaws (بطليوس)
.


Vamos a volver a tratar un período, corto pero intenso, de pleno siglo XII, durante el cual se produjo la decadencia del poder de los Almorávides y la fragmentación del poder político andalusí en unas segundas taifas, que duraron hasta el definitivo control de los Almohades.

Nos vamos a centrar principalmente en un personaje sumamente interesante, con una capacidad asombrosa de sostenerse en la espuma política durante este período.

Sidray ibn Wazir fue un líder político-militar, que aunque nunca se atribuyó liderazgo religioso, fue capaz de llegar a dominar el Occidente de Al-Andalus, con una extensión todavía mayor a la primera taifa del Badajoz de los aftásidas.

En diciembre del año 2002 se realizaron obras de acondicionamiento en un anexo del museo de la Catedral de Badajoz. En la excavación arqueológica se encontró una moneda, que el profesor Alberto Canto García identificó como una fracción de quirate, en el que en el anverso aparecía el nombre de Hamdin ibn Muhammad y en el reverso el de Ibn Wazir.

Como voy a ir intercalando información numismática, recordemos que el sistema de la moneda andalusí​ se basó en el dírham (dírhem) de plata y el dinar de oro. La acuñación de moneda, a parte de su propio valor de trueque, fue utilizada también con funciones de propaganda y prestigio. En época almorávide se acuñaron monedas de plata más pequeñas, los quirates, que equivalían a diferentes fracciones de dírham. Normalmente en el anverso nos encontramos inscripciones religiosas y en el reverso pueden tener diferentes informaciones políticas, como quién ordena su emisión, año de acuñación, ceca…

Como ya lo hizo el maestro de la moderna escuela de arabistas Francisco Codera y Zaidín (1836-1917), es necesario combinar los textos antiguos con las aportaciones procedentes de la epigrafía, sobre todo de la numismática. A esto habría que sumar el cada vez más importante papel de la arqueología medieval en la actualidad.

Si ya era complicado historiar las fuentes escritas, que no siempre coinciden, y si le añadimos la aportación de la numismática y el registro arqueológico, nos queda un puzle no siempre fácil de encajar, pero que hace de la Historia una ciencia viva en constante revisión, que en mi opinión la hace aún más interesante.

Como venía haciendo normalmente, voy a intentar establecer y relatar una serie de hechos que no siempre están claros en las fuentes, teniendo que elegir y descartar algunas interpretaciones de la historiografía, y que teniendo este blog tan solo una pretensión divulgativa, las descartadas por mí opto por obviarlas en aras de una mejor comprensión y seguimiento de unos hechos, que ya por si son complicados y difíciles de seguir.

Regresamos nuevamente a esta época tumultuosa de mediados del siglo XII a través de estos personajes que fueron protagonistas de la transición entre el dominio de los almorávides y los almohades en Badajoz, centrándonos sobre todo en uno de ellos: Sidray Ibn Wazir, que va a ir plasmando su nombre en el monetario asociado a diferentes poderes de la época.

Además, en el museo de Évora se conserva una lápida en donde en una de sus caras se señala la construcción de un edificio mandado construir por nuestro protagonista, Abu Muhâmmad Sidray ibn Wazir al-Qaysi.

Vamos a situarnos primeramente un poco en esta época tan convulsa.

Badajoz estuvo en poder de los almorávides desde el año 1094, tras engañar y asesinar a al-Mutawakkil, último rey de la Taifa de Badajoz, que en el año anterior había pactado con Alfonso VI la protección del reino a cambio de las plazas de Lisboa, Sintra y Santarem.

Con Alfonso VI (1047-1109), rey de León, de Galicia y de Castilla, luchaban cristianos del otro lado de los Pirineos, llegando a casar a sus hijas con tres caballeros franceses. Su heredera Urraca fue casada en el año 1095 con Raimundo de Borgoña.

Raimundo de Borgoña, que ya en 1092 tenía el gobierno de Galicia, Portucale y el distrito de Coimbra, pierde Lisboa en 1094, recuperada por los almorávides tras conseguir controlar Badajoz como hemos visto. Resiste Santarem que está a punto de caer.

La acometida almorávide había hecho pasar a Alfonso VI a la defensiva, y distribuir los poderes militares en tres zonas: una zona central, encabezada por el propio rey Alfonso VI, otra, no oficial, dirigido por El Cid en Valencia, y el tercero en occidente, dirigido por Raimundo de Borgoña.

Raimundo al no conseguir parar a los musulmanes en la línea del río Tajo es relegado al mando de Galicia, y entrega las tierras entre los ríos Miño y Tajo, que formarán el Condado Portucalense, a Enrique de Borgoña, que había desposado a su vez en 1093 a Teresa de León, hija ilegítima de Alfonso VI con su amante Jimena Muñoz.

En los comienzos del reinado del segundo emir almorávide Ali ibn Yusuf (1106-1143), aprovechando las luchas internas de Doña Urraca y Alfonso I el Batallador, los almorávides habían recuperado entre 1110 y 1119 tres enclaves fundamentales de la frontera del Tajo: Santarem, Coria y Albalat (en la ribera meridional del rio Tajo cerca de Almaraz).


 

Dinar almorávide de la Ceca de Badajoz de Ali ibn Yusuf acuñado en 1118.

Orla reverso:

      "En el nombre de Dios, fue acuñado este Dinar en Badajoz el año doce y quinientos".

[Invocación, valor, ceca y fecha.]  

Leyenda central Anverso:

      "No hay más Dios que Alá
      Mahoma es el enviado de Dios
      Príncipe de los creyentes Ali
      Ibn Yusuf"
[En las dos primeras líneas de todos los dinares almorávides figura la leyenda religiosa conocida como ´Kalima´ o ´Sáhada´.] 

Leyenda central Reverso:

      "El Imán Abd-Allah príncipe de los creyentes"

[La leyenda central está dedicada al reconocimiento de la soberanía espiritual abbasida]

Orla anverso:

      "Y el que buscase fuera del Islam otra religión, no será recibido por él, Y ( estará ) en la otra (vida) entre los desventurados"

[Es la Sura 3, versículo 85 de El Corán.]
  
Con los almorávides, el aspecto de las monedas, en general, fue bastante diferente al de las conocidas hasta entonces, por lo que es fácil distinguirlas. Las piezas más características de su sistema monetario son el Dinar y fracciones de dinar de oro, bien acuñados y con los caracteres muy elegantes. En todas los caracteres son generalmente cúficos, apareciendo el nesjí en algunas monedas de plata de los últimos tiempos. La distribución de las leyendas es idéntica en forma a las de los dinares del Califato de Córdoba, esto es, en cada área una leyenda central y, a su alrededor la leyenda marginal u orla separada por una línea contínua circular como grafila interna, y bordeando a la moneda dos líneas circulares muy próximas, una interior contínua y otra exterior de puntos, formando todo ello la grafila externa. El dinar almorávide será denominado el "morabetino" en las fuentes y crónicas castellanas.

Sigamos con la historia: El progreso reconquistador almorávide parecía imparable, pero hacia el año 1125, un nuevo poder surgió en el Magreb, el de los almohades.  El empuje bélico de los almohades comienza a imponerse en África en la década de 1130, lo que obligó a los almorávides a disminuir las fuerzas militares de la Península. Esta debilidad será aprovechada tanto por cristianos como por musulmanes en al-Andalus.

En 1126, tras la muerte de Urraca, accede al trono Alfonso VII, y en 1128 el gobierno del condado Portucalense pasa a manos del que llegará a ser primer rey de Portugal, Alfonso Enríquez, hijo de Enrique de Borgoña y Teresa de León.

Comienza una época de razias e incursiones a ambos lados de la frontera con más fin de recaudar botín que conquistar territorio, entre las que destacan las incursiones cristianas de 1131 que llegan hasta Évora y la de 1134 donde llegan hasta Badajoz.

En 1135 Alfonso VII se había coronado Imperator totius Hispaniae, y al igual que su primo Alfonso Enríquez, redoblará la presión bélica hacia el Sur. Alfonso Enríquez edifica un castillo en Leiria en 1135, desde donde se amenazarán Lisboa, Santarem y Sintra, venciendo en 1139 a los almorávides en Ourique, y Alfonso VII, que decide dar el salto a la sierra de Gredos, reconquistará tanto Coria como Albalat en 1142, acercando así la frontera nuevamente al Tajo en el sector extremeño.

En 1143 muere el emir Ali ibn Yusuf, sucediéndole su hijo Tasufin (1143-1145), tercer emir almorávide, que tiene como primer y principal objetivo intentar hacer frente en África la imparable ofensiva almohade.

Llegamos al año 1144, año en que comenzará lo que se vino a llamar el periodo de segundas taifas en al-Andalus, y en el que Sidray ibn Wazir va a tener un papel protagonista.

Veamos primero la situación administrativa. El conocido geógrafo ceutí al-Idrīsī, al servicio de Rogerio II de Sicilia, realiza una expedición a al-Andalus poco antes del ocaso de los almorávides.  En su libro describe los 24 "distritos" (iqlīm) en que se dividía al-Andalus en tiempos almorávides en el momento de que nuestros protagonistas comiencen a ser visible a la Historia.

Para nuestro interés, tenemos el distrito de al-Faqr, que incluye Santa María (Faro), Mértola y Silves; el distrito de al-Qasr (Alcacer), que incluye el propio Alcacer do Sal, Évora, Badajoz, Jerez de los Caballeros, Mérida, Alcántara y Coria; el distrito de Balata, que incluye Santarem, Lisboa y Sintra; y el distrito de al-Balat, que incluía Albalat y Medellín.

Al-Idrīsī aclara que Coria estaba en ese momento en poder de los cristianos. Recordemos que, junto a Albalat, fue ocupada en 1142.

De esta información sobre la estructura almorávide, destaca el nuevo papel predominante en el territorio de la antigua Taifa de Badajoz de Alcacer do Sal (al-Qasr). En este puerto de salida al mar a través del río Sado, habría un gobernador almorávide en la alcazaba, separado de resto de la población. Los almorávides tenían una especial atracción por las flotas navales y las ciudades portuarias y es por ello por lo que seguramente eligieron a Alcacer.

Podríamos pensar que Évora tendría un visir (del árabe, وزير wazīr) dependiente del gobernador de Alcacer, que habría tenido un carácter hereditario y posible origen del clan de los Banū Wazīr, al que pertenecía nuestro protagonista Sidray ibn Wazīr.

En cuanto al ambiente general en al-Andalus, las largas campañas en África por las continuas desafecciones y levantamientos de las tribus en contra del poder almorávide, obligaron a Tasufin a incrementar los impuestos, ya onerosos en el reinado de su padre, que provocaron el descontento. La vida se encarecía y la protesta se extendía por las ciudades. Los cristianos volvían a presionar, algunos gobernadores no se sentían ya unidos a la dinastía, y los desacatos a la autoridad van a ir revistiendo caracteres alarmantes.

La situación en África vaticinaba el desmoronamiento del imperio, la causa almohade crecía, y desde la subida al trono de Tasufin, se había abierto un periodo de odio y discordia entre las dos grandes tribus de los Lamtuna y los Massufa, que terminará con la deserción de ciertos jefes militares massufíes a las filas almohades con sus respectivas tropas, como después veremos. A esta inestabilidad en el norte de África se sumará también Rogerio II, extendiendo su "Reino normando de África" en Túnez.

Como ya vimos en las entradas relativas a las lápidas musulmanas de Badajoz, el muladí Ahmad ibn Qasi inauguró en agosto de 1144, en el Algarve, las rebeliones en al-Andalus contra los almorávides, haciéndose con el control de Mértola a través de Ibn al-Qabila, dónde se proclama imán.

Ibn Qasi hace un llamamiento a la rebelión contra los almorávides, al que responde Sidray ibn Wazir, que se hace con el control de Évora, e Ibn al-Mundir, que hace lo propio con Silves. Ambos conquistan después Beja por cuenta de Ibn Qasi, que pasa así a controlar el actual Algarve y gran parte del Alentejo portugués.

En octubre de 1144, Ibn Wazir y Ibn al-Mundir juran fidelidad a Ibn Qasi en Mértola, recibiendo el gobierno de Beja y de Silves respectivamente, con sus territorios.

Se organiza un  ejército adepto a Ibn Qasi, poniendo a Ibn al-Mundir al frente. Esto no debió de gustar mucho a Ibn Wazir, que es encarcelado.

 Ibn al-Mundir pasa el Guadiana en noviembre de 1144 y se hace con el control de Huelva y Niebla, pero fracasa en el intento de conquistar Sevilla, a pesar del posible apoyo de Ali Ibn Isa, que controlaba la poderosa flota de Cádiz.

Ibn al-Mundir, derrotado, regresa a Silves, mientras que el gobernador almorávide en al-Andalus, Ibn Ghanya, pone cerco a Niebla durante tres meses.

En esto que, en marzo de 1145, coincidirá la muerte en Orán el emir almorávide Tasufin combatiendo a los almohades, y que el cadí Ibn Hamdin se rebela contra los almorávides en Córdoba.

Poco después se produce el alzamiento general en el resto de al-Andalus, pues, después de Córdoba, lo hace Murcia, después Valencia, y por los mismos días Málaga, Almería y otras muchas ciudades, según los cronistas.

Como ya vimos, las fuentes árabes no dicen claramente cuando Badajoz se rebela contra los almorávides, o cuando pasa bajo el control de Sidray ibn Wazir, pero como ya dije, me inclino a pensar que una de las lápidas sepulcrales encontradas en Badajoz, podría ser la prueba de que pudo ser el 25 de marzo de 1145 el día del alzamiento.

Sabedor de que Córdoba deja de estar bajo control almorávide, Ibn Qasi envía a Ibn al-Mundir y a Ibn al-Qabila con sus ejércitos a intentar ganarse la antigua capital Omeya.

Al parecer, en Córdoba, la población estaba dividida entre los partidarios de los almorávides, de Ibn Qasi, de Ibn Hamdin y de los que querían llamar a Ibn Hud, más conocido como Zafadola (Sayf al-Dawla) de las crónicas cristianas, hijo del último rey musulmán de Zaragoza. Ibn Hud logra entrar en Córdoba y se hace con el control de la ciudad, forzando la salida de Ibn Hamdin, al que ya apoyaban ciudades como Granada o Jerez.

Los ejércitos de Ibn Qasi regresan sin que sepamos exactamente lo que ocurrió. Un dinar acuñado con el nombre de Ibn Hud asociado a Ibn Qasi parece indicar que en un primer momento debió sumarse a la causa del señor de Mértola, pero poco tiempo después las luchas dentro de Córdoba expulsan a Ibn Hud, volviendo a estar bajo control nuevamente de Ibn Hamdin, que se autoproclama emir.

Sidray ibn Wazir, que ya había sido liberado, aprovecha la ocasión y traiciona a Ibn Qasi, reconociendo a Ibn Hamdin como emir, a lo que responde Ibn Qasi enviando un ejército al mando de Ibn al-Mundir contra Sidray, que es derrotado.

Es de esta época la moneda encontrada en la catedral y seguramente de esta época también podría ser la lápida reaprovechada de Évora.

 Se trata de 1/2 quirate de plata de 9 mm de diámetro, a nombre de Hamdin ibn Muhammad en el anverso e Ibn Wazir en el reverso, sin ceca:


La excavación en la que se encontró la moneda, fue a raiz de encontrar restos constructivos durante las labores de nivelación del suelo de una estancia derecha de las antiguas bodegas de los canónigos, en su acondicionamiento como anexo al Museo de la Catedral de Badajoz.

Encontraron un horno medieval islámico asociado con el oficio de la alfarería, en cuyo interior, entre un relleno de cenizas, apareció la moneda.

La moneda fue restaurada en la Univ. Autónoma de Madrid y estudiada como ya hemos dicho, por el profesor Canto.

Existen otras versiones de quirates y 1/2 quirates con el nombre de Ibn Wazir solamente y reconociendo a Ibn Hamdin con y sin ceca. 


Continuará...


sábado, 10 de diciembre de 2016

¡Abajo los cajones! o el tumultuoso mercado de Badajoz de julio de 1855



Mediado el siglo XIX, había en Badajoz un mercado con cerca de cien cajones de mampostería en la Plaza Alta, propiedad de varios particulares que los alquilaban a los vendedores.

El 20 de julio de 1855 El Correo de Badajoz empezaba un artículo en estos términos: “El día 17 de julio quedará eternamente grabado en el corazón de los hijos de Badajoz, cual igual día en los invictos madrileños que sucumbieron en las calles de la capital conquistando nuestras libertades”. Con este comienzo nos da a entender que la tuvieron que liar parda. Badajoz no solía salir mucho en la prensa nacional, pero en esta ocasión nos ganamos a pulso el derecho a la repercusión mediática en los periódicos nacionales.

Vamos a situarnos antes un poco en esta época de los espadones, en que los generales de prestigio lideraban los partidos políticos y recurrían al pronunciamiento para intentar hacerse con el gobierno o condicionar su rumbo, fenómeno que se repite una y otra vez durante el reinado de Isabel II (1843-1868).

A mediados del siglo XIX estábamos en la época moderada de Narváez, y parecía que estaba ya consolidada la implantación del Régimen Liberal. La revolución de 1848 en Europa, en España no pasó de algaradas y en un conato de insurrección. Narváez actúa con contundencia.

Va a ser la época de nuestro Donoso Cortés, cuyo famoso discurso en las Cortes sobre la corrupción hará dimitir a Narváez en 1850, o la de nuestro Bravo Murillo, que durante 1851 y 1852 intentó crear una burocracia moderna y eficiente, y fue decisivo en el impulso de obras públicas (ferrocarriles, carreteras, etc…), pero fracasará en el intento de modificar la Constitución, lo que le hará dimitir.

El partido Moderado se va a ir desintegrando tras tres efímeros gobiernos, lo que provocará el renacimiento de los Progresistas. En 1854 se va a producir un pronunciamiento militar moderado (sector del moderantismo puritano descontento), actividades insurreccionales progresistas y una amplia movilización popular.

El 28 de junio de 1854 se produce el pronunciamiento de O´Donnell (moderado), que no termina de triunfar, y los Progresistas se movilizan a través de un manifiesto de Cánovas del Castillo, que buscaba una regeneración liberal, que firmará también el propio O’Donnell.

Proliferan los levantamientos populares apoyados por los progresistas, que se convierten en una revolución, una especie de versión retrasada de las de 1848 en Europa. El gobierno dimite y se forma un gobierno de coalición liberal de progresistas y moderados puritanos, encabezado por Espartero (progresista) y en el que entra O’Donnell.

Comienza el bienio progresista (1854-1856), donde se restaura la Milicia Nacional y los Ayuntamientos vuelven a ser electivos, aunque se va a continuar en este periodo con la inestabilidad política, con reestructuraciones del gobierno, levantamiento carlista, desamortización de Madoz etc…

En este entorno se van a mover los sucesos de julio de 1855 en Badajoz en los que nos vamos a sumergir.

Como principiábamos, mediado el siglo XIX, había en Badajoz un mercado con cerca de cien cajones de mampostería en la Plaza Alta, propiedad de varios particulares que los alquilaban a los vendedores. La obra fue haciéndose por partes, iniciándose en 1843 y culminándose en 1851. Había tres filas de puestos, dos paralelas a los lados mayores de la plaza con un amplio espacio libre entre los mismos, y un tercero cercano al Edificio del Peso.

 Cuando el 20 de julio de 1854 se adhirió Badajoz al alzamiento de otras provincias, con el general Trillo, gobernador de la Plaza, a la cabeza de la Junta Revolucionaria, los vendedores ambulantes pidieron tumultuosamente vender donde quisiera uno, lo que consiguen.

Son siempre buenos tiempos para conseguir romper algunos derechos y prohibiciones con los cambios políticos, pero como suele ocurrir en la mayoría de los casos, hay mucha gente preparada para cambiar lo que haga falta para que todo siga igual.

Desde hacía un año, el ayuntamiento era progresista, el gobernador civil era progresista, pero claro, los propietarios de los puestos también eran progresistas. Pronto comenzaron sus reclamaciones. El Ayuntamiento había concedido otro sitio a los vendedores ambulantes que quisieran, sin pagar alquiler, aunque no estaba muy bien acondicionado y no tenía cajones, mientras que se instruía el expediente de reclamación de los propietarios.

Los propietarios finalmente consiguen que se dictara una real orden prohibiendo vender comestibles fuera de los cajones de la plaza del mercado. Durante siete meses estuvo el Ayuntamiento intentando negociar a la baja el precio de los alquileres con los propietarios. En abril de 1855 traslada a los vendedores a otro lugar aún peor, hasta que no tuvo más remedio de dictar un bando el 1 de julio de 1855 con la prohibición de vender fuera de los lugares asignados en los puestos de la Plaza Alta, o bien en su casa, que entraría en vigor a los quince días.

Llegó el día 16 de julio, día de entrada en vigor de la prohibición, presentándose en la plaza alguaciles y agentes para señalar a los vendedores los cajones que debían ocupar, so pena de ser multados.

Los cuatro cajones para expender carne se ocuparon inmediatamente, ya que los que la venden la recibían del Ayuntamiento, que tenía el derecho de comprar y matar las reses, no permitiendo que ningún particular lo hiciese por su cuenta, a no ser que pagase como impuesto la piel, manos y menudo de las reses.

Después llegaron los panaderos, a los cuales les fue intimada la orden de ocupar sus cajones, la cual desobedecieron marchándose a sus casas, excepto tres que se pusieron a vender.

Los expendedores de hortalizas no aparecieron, instalándose en la plaza del Reló, que estaba junto a la torre de Espantaperros, y en las afueras de la puerta de Trinidad.

El día 17 de julio el alcalde 1º ordena que se clausuren los puestos que estén colocados fuera del mercado, y se impongan multas de seis reales. Se pagaron las multas, pero empezaron a proferirse gritos y amenazas de que esa noche destruirían los cajones.

Al anochecer, sobre las ocho, se fueron reuniendo varios grupos de vendedores en la plaza de San Juan, que finalmente formaron uno solo. Como a estas cosas y alborotos se apunta todo el mundo que tiene algo que protestar, y además había ya un latente cabreo en la población por la falta de jornales, el asunto de los cajones prendió la mecha.

Empezaron a gritar ¡Abajo los cajones! ¡Abajo el ayuntamiento! ¡Mueran los santones!, hasta que, después de romper los cristales de la casa de la viuda de Carrillo y sobrinos, uno de los propietarios de cajones, pasaron a la plaza del Mercado y comenzaron a derribarlos sin oposición de la autoridad. Con las puertas y demás maderas hicieron una hoguera que iluminaba esa parte de la ciudad, formando después barricadas en las ocho bocacalles que dan acceso hacia la Plaza Alta, quedando tras ellas, armados y dispuestos a defenderlas.

La barricada más notable por su fortaleza y número de defensores fue la de la calle Mesones, hoy San Pedro de Alcántara. La destrucción seguía, aumentando el número de hombres, mujeres e incluso niños que se sumaban a la demolición y al jaleo.

Las tropas se habían concentrado en los cuarteles, numerosas patrullas recorrían la población, y todo hacía suponer que se iba a dar un combate.

La Milicia Nacional se reunió en diferentes puntos, con la compañía de artillería en la plaza de San Andrés.

Como habíamos dicho al principio, con la llegada nuevamente en 1854 de los progresistas y Espartero al poder, se restaura la Milicia Nacional, que había sido disuelta por Narváez en 1844, encomendando más tarde sus tareas a la recién creada Guardia Civil. Nació durante el Trienio Liberal (1820-1823). Abolida por Fernando VII, reapareció nuevamente en 1837 durante la Regencia de Mª Cristina. Fue uno de los caballos de batalla de la rivalidad y lucha por el poder de Narváez y Espartero, líderes de las dos facciones liberales, los moderados y los progresistas. En 1856 volverá a ser disuelta, en este caso por O’Donnell.

Las tropas de la guarnición militar formaron en sus respectivos cuarteles. El capitán general Manuel Lebrón, decide no tomar una parte directa y activa en los sucesos mientras que no hubiese una confrontación y se le reclamase su ayuda.

Por orden del gobernador civil Ramón Cuervo, se reúnen las fuerzas disponibles de 20 guardias civiles y 30 carabineros, que ocupan la muralla del castillo más próxima al mercado y bocacalles inmediatas a la plaza del Reloj, quedando a la expectativa.

El gobernador civil se proponía que la Guardia civil y Carabineros entrasen por una parte en la plaza del mercado al mismo tiempo que él penetraba por otras bocacalles con la Milicia Nacional, pero resultaba que una parte de dicha Milicia, y no la menor, se puso de parte de los vendedores, y habían incluso pasado a defender las barricadas, lo que hizo que el gobernador no creyese prudente, por poder producirse un conflicto mayor, la intervención.

La tensión aumentaba. Un grupo armado baja desde la plaza por la calle Jarilla a exigir la retirada de la Guardia civil y Carabineros, que logra ser contenido por oficiales de la Milicia Nacional, que convencieron de que dicha fuerza no se retiraría sin órdenes superiores.

Todo quedaba en tensa espera, hasta que las fuerzas de la guardia civil y carabineros son relevadas por la compañía de artillería de nacionales, con su jefe a la cabeza, el subinspector Vicente Orduña, retirándose a sus respectivos cuarteles por orden del gobernador civil.

A las cuatro de la madrugada del día 18 las patrullas de la Milicia Nacional regresaron a sus cuarteles, donde se personó el gobernador civil para darles una alocución. Viendo que el alboroto no tenía carácter político, el gobernador mandó descansar a las fuerzas, quedando sólo un retén de 100 hombres.

Pero amanecía el día 18, y los alborotadores triunfantes exigieron la renuncia del Ayuntamiento y la destrucción del matadero, que encarecía mucho el precio de la carne en perjuicio de las clases pobres.

A las cuatro de la tarde se publica un bando en que se participa al pueblo que el Ayuntamiento había dimitido. Querían evitar que el conflicto pudiera ir en aumento. En una reunión celebrada en casa del Capitán general, a la que asistieron los oficiales de la Milicia Nacional, quedó autorizado su subinspector Vicente Orduña para disponer la elección de un nuevo ayuntamiento.

Vicente Orduña, después de una corta alocución en que exhortaba al orden y tranquilidad, citó al vecindario para que a las cinco esa misma tarde en las Casa Consistoriales, con el fin de nombrar otro Ayuntamiento, que lo sería interinamente hasta que se eligiese otro nuevo. Reunió dos vecinos de cada uno de los doce barrios en que la ciudad estaba dividida, a fin de que votaran los concejales.

Casualidades o no, el propio Vicente Orduña fue elegido alcalde 1º.

El primer bando del nuevo alcalde constitucional facultó a los vendedores ambulantes para que se colocara cada uno donde mejor fuera de su antojo, presentándose en la plaza del mercado, donde hizo que cesaran en su faena destructora los que derribaban los cajones, prometiéndoles enviar presidiarios para que sacaran los escombros.

El 9 de agosto el gobernador civil Ramón Cuervo será “trasladado” por el Consejo de ministros a Ciudad Real. El nuevo gobernador José Montemayor intenta reorganizar la Milicia Nacional mediante un expurgo, pero los considerados desafectos se negaron a entregar las armas, teniendo el gobernador que revocar sus disposiciones.

A mediados de septiembre se autoriza al Ayuntamiento para limpiar la plaza del mercado de los escombros y paredones que aún tenía, y pocos días después, se aprobó el expediente que presentó a la Diputación el Ayuntamiento para desescombrar la plaza del mercado con su propuesta de gasto, indicando que los depositase en el castillo.

Y muerto el perro, se acabó la rabia…